jueves, 9 de enero de 2014

Un cuento de Navidad diferente

Había llegado la Navidad con sus días previos llenos de actividades, de luces y guirnaldas, de dulces y compras.
Poco a poco el salón se empezó a llenar de niños, niñas y padres, todos abrigados porque la tarde fuera era desapacible y ventosa.
Empezó la primera actividad, una decena de niñas vestidas con traje de flamenca se colocaron en su sitio y la música empezó a sonar. El público se colocó alrededor y todos prestaron atención a la actividad.
Seguían llegando familias y entre ellas llegó María con su hermana Yolanda, su madre y su hermano pequeño Emilio. Las personas encargadas de la actividad colocaron a María y a Yolanda en la primera fila porque las dos padecen una enfermedad que hace que casi no vean. Cuando el primer baile terminó, María fue hacia el fondo, detrás de todo el público donde estaba Juana, una enfermera del hospital a la que conocía de sus múltiples ingresos.
-No tengo más ganas de ver el baile, le dijo a Juana.
-¿Por qué, es que no te gusta?
-Tengo hambre.
-Espera un ratito que después del teatro hay una merienda muy rica.
-No puedo esperar.
En ese momento Juana se dio cuenta de lo que realmete pasaba, buscó a la familia de María, pidió permiso a la madre y se llevó a la niña y a su hermana a la cafetería a tomar un bocadillo. Mientras se acercaban a la cafetería les preguntó:
-¿No habéis comido nada a mediodía?
-No.
-¿Y esta mañana en el desayuno?
-No.
-¿No habéis comido desde ayer?
-Sí.
Juana se dio cuenta en ese momento de lo que significaban esas escuetas frases de las niñas. Los padres llevaban parados varios años, y la ayuda, si es que la había, no llegaba para comer cada día.
Esta historia es real, salvo los nombres de sus protagonistas.

La situación de extrema pobreza la estamos viendo a nuestro alrededor y es necesario atenderla en la medida de nuestras posibilidades, pero también es necesario denunciarla para que las autoridades competentes le den una solución. Nadie debe pasar hambre, porque pasar hambre de comida es carecer de mucho más, es carecer de todo; pero si alguien no debe pasar hambre son los niños y niñas que llenan nuestras aulas. Los maestros debemos detectar si nuestros alumnos están en situación de precariedad y debemos exigir una solución: comidas subvencionadas en los comedores escolares, seguimiento de los servicios sociales y ayuda a las familias que lo necesiten. En un estado de derecho, el derecho fundamental a la vida debe incluir una casa digna, comida, educación y sanidad garantizada para todos, pero especialmente para los niños y niñas.

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